sábado, 17 de octubre de 2015

Capítulo 1

I


  • No Alba, no quiero saber más.
  • Lena, escúchame, tu sabias perfectamente cómo iba a terminar.
  • No quiero saber más – cuelga el teléfono –
Los ánimos de Lena habían caído de un momento a otro, esas alegrías que tanto divulgaba su conciencia combinada con su niñez retardada y las mil y un sonrisas que compartió con amistades, familia y desconocidos se borraron sin dar marcha atrás.
Un recuerdo colmó la paciencia extrema que tenía y una breve visita al baño de redacción se convirtió en el mejor remedio para esta joven veinteañera. Papel, teclas, correctores, café y de nuevo al ruedo, una ceremonia de nunca acabar, la coyuntura política era muy intensa y el Mensaje a la Nación del Presidente de la República – de turno – era tan aburrido como las noches del domingo. Camino a casa las líneas de la pista se reducían conforme la velocidad del bus, uno, dos, tres, cuatro, veinte, ochenta, ciento quince, demonios ¡Cánsate María Elena! cuatro años de abstinencia amorosa y ¿vienes con estas vainas? ¡Para! No es posible que estés peor que un trompo y aparentes más frialdad, ¡Contesta! Demasiado tarde, una lágrima invadió su mejilla izquierda.
  • ¿Qué haces en mi cuarto mamá?
  • Limpiando y botando cosas que no sirven.
  • ¡Mamá! ¡Es mí privacidad, déjame en paz!
  • ¡No me hables en ese tono! Cuando pagues algo en esta casa harás las cosas como tú lo desees.
Era cierto, hacía siete meses que Lena venia ahorrando para pagarse el ciclo completo de la universidad y su madre, a pesar de todo, le exigía cada mes un monto para las cosas de la casa; no era mezquina, ella siempre se caracterizó por ser una chica que cuidaba de los demás y ayudaba en todo momento, sino pregúntenle a su mejor amigo, Mario. En un arrebato cogió su mochila, llaves, lentes oscuros, algo de efectivo y lo sobrante del chocolate que compró esa mañana. Se fue sin decir a dónde.
Ya en el paradero llamó a su amiga Zoe, acordaron verse en la avenida Brasil a las tres de tarde con un chaufa 'para calmar las ansias' de por medio, el único bus que la transportaba llevaba una 'C' gigante en el centro del parabrisas ¡Qué ganas de demorarte! Pensó ella. Ya en el trayecto encendió su celular y accionó el random, menuda canción de Led Zeppelin para variar, “Todo mi amor para ti” rezaba el coro, sí claro, All of my love to you. Otra lágrima y la sensación de frio por todo el cuerpo.
  • Debes contarme ¿Qué pasó contigo? ¿Por qué esa cara de sueño?
  • No es nada Zoe, solo tonterías.
  • Ay flaca, tu eres regia, has bajado ocho kilos en seis meses y te pones deprimida, ¿Quieres deprimirte? Escucha mi drama con Leo – risas –
  • Ok, soy toda oídos.
La conversación se extendió por media hora, las palabras iban y venían mientras que el ambiente olía a caballo, no era para menos, una cuadra atrás se había realizado la famosa Parada Militar por Fiestas Patrias.
  • Ahora cuéntame tú.
  • No Zoe.
  • Anda Lena, no seas egoísta.
  • ¿Egoísta yo? – pensó – egoísta es él.
  • ¿Flaca, estás? Reacciona, tierra llamando a Lena. Uno, dos, tres ¿Aló?
  • Sí.
  • Dime Lena, aquí estoy, soy toda oídos.
Tomando una gran bocanada Lena inició el relato, empezando desde mayo y terminando en la mañana del sábado pasado; esto era mientras devoraban dos platos de arroz chaufa con chancho. Zoe no podía creer lo que escuchaba, la tierna y dulce Lena se había vuelto una femme fatale ante los ojos del único hombre que logró sembrar mariposas en su estómago desde tiempos inmemorables. Esa tarde, esas calles y el aire frío complementaban la historia mientras una señal de desahogo se asomó entre ambas jóvenes, habían limpiado su karma de momento. Las cosas eran más sencillas, pasado algún tiempo se olvidarían de las desventuras del amor y reiniciarían su camino, pero ese día era el día de hablar todo.
  • Es un basura ¿Se atrevió a eso?
  • Zoe, yo tengo la culpa, soy una tonta.
  • Deja el drama ¡Despierta! No te merece.
  • Es difícil, jamás había sentido esa sensación de gelatina.
Fue en ese instante donde la enérgica e imponente Zoe decidió ir a la avenida Petit Thouars para buscar helados, mentira, ella quería mostrarle el hotel donde perdió la virginidad. Ese es, señaló con su dedo tatuado, ese cuarto, ese lugar, lo odio Lena, odio a Leo. Los ánimos se caldearon cuando recorrieron las cuadras aledañas a un mercado y llegaron a una esquina muy familiar. Comeremos helados, no jodan, es invierno y necesitamos algo dulce en la boca. Luego de una larga despedida, el camino a casa se hizo otra eternidad pero esta vez Lena deseaba con todas sus fuerzas vivir en ese instante congelado con la ventana abierta y cientos de gotas de lluvia cayendo sobre su rostro, era perfecto, Dios se acordó de mandarle una señal de esperanza personal.
  • Hola papá.
  • ¿Dónde fuiste hija?
  • Por ahí – silencio – fui a ver a mi amiga Zoe a Jesús María, se sentía mal.
  • Tu mamá se encuentra viendo televisión.
  • Ah ya.
No era novedad, ella compartía su cuarto con mamá ya que el departamento era muy pequeño y el dinero no alcanzaba para el alquiler de una casa con dormitorios personales. Minutos después sintió un movimiento conocido, era Rocío preguntándole si tenía toallas higiénicas a su hija de 23 años, llegó el periodo mensual con algo de retraso, la menopausia se había consolidado recién en su madre de 49 agostos.
  • Perdóname hijita.
  • No te preocupes, ya pasó.
Efectivamente, había pasado la tormenta pero los deseos de correr, verlo, gritarle y escupirle en la cara no cesaron hasta que los ojos pesaron y nuestra protagonista cayó rendida en un profundo sueño. En imágenes podía recrear instantes de felicidad y amargura al mismo tiempo, él mirándola con esos ojos marrones y pestañas largas, con una sonrisa de pervertido, cogiéndole el cabello con una mano y experimentando el más dulce beso en medio de una danza turgente cubierta por la noche. Sí María Elena, te habías enamorado del cretino que engañó a tu exmejor amiga Marcela y había seducido tu cándido interior, exactamente como lo advirtió Mario y Alba: eras la próxima víctima.
  • Maldito Bruno ¿Cómo pudiste? Te entregué todo sin recibir nada a cambio, te burlaste de mis sugerentes arrebatos de niña, de mi forma extraña de pensar, mi ser, mis deseos ¡Yo quería ser quien te besara todas las noches! ¡Me aburrí de esperar un turno! Quiero matarte pero no me atrevo, cogerte las mejillas y llenarte de besos, soltar mi voz de engreída combinada con un gemido, hablarte de música, beber un trago y fumar otra cajetilla de cigarros mientras saboreo un chupetín de fresa. Carajo ¿Qué he hecho con mi vida? Si esto es amor, prefiero la muerte.

Prólogo

Ya había pasado casi un año desde la última vez que lo vio, recordaba cada detalle de su rostro, cabello, manos y demás demonios que lo invadían lentamente arrastrándolo por un camino que lejos de darle felicidad, lo llenaban de una incertidumbre casi necesaria.
Era ella de nuevo, molestando amistades con sus ocurrencias, recomendando alguna que otra experiencia y compartiendo con sus seres queridos una historia que reescribió bajo la sombra de un corazón renovado. Ella era Lena. Simple, como cualquier chica de la calle, cabellos y ojos negros, contextura promedio, sonrisa casi perfecta; volvió a respirar.
La calle se hacía cada vez más grande, una canción – como de costumbre – pintaba el panorama de un nuevo invierno, un inicio inminente que traería mil recuerdos como las gotas de lluvia delicadas que caían en el pavimento mientras caminaba rumbo a redacción. Esas calles del Centro de Lima habían sido mudos testigos de su evolución y construcción de una coraza de titanio a prueba de balas y demonios que él pudiera enviarle de manera subliminal. 'Era el momento', pensó. El ascensor se detuvo en el quinto piso, sus zapatillas rechinaban por el pasillo perfectamente lustrado. Hola Zoe. Buenos días a todos. Una nueva jornada periodística daba la vuelta a la esquina, la coyuntura política era su amante bandido.
Como lo prometió hacía más de 12 meses: sería la mejor de esa sala lúgubre y fría, intentaría perfeccionar su estilo periodístico, batallaría con mil cuchillos que lanzaban desconocidos y aprendería de las críticas. ¿Qué es lo que más amas en esta vida? Es simple, amo escribir. Una sonrisa se dibujó en su rostro helado por el frío limeño.
¿Sabes quién soy?
Soy yo, Lena. Nunca olvides ese nombre aunque tú no lo sepas.  

Advertencia

Esta historia está plagada de aciertos y desventuras propias de una joven de 20 años que deseaba experimentar la vida tal cual es. Pueda ser que a través de los capítulos odies o ames al protagonista, quieras ingresar al cuento e intentar golpear a alguien o fácil solo leer por mero amor. Queda en ti, peculiar ser.
Todo sucede en esta era, aunque no lo crean: Sí, sucedió. Es normal, creo yo.
Esta idea surgió originalmente en una noche de primavera del 2014 mientras Aldine Avila (la autora) caminaba por las calles de Barranco, comiendo un chupetín de fresa y mirando la televisión a través del vidrio de un centro comercial.
Todos los créditos, críticas y sugerencias pueden depositarlas aquí.
Los invitamos a visitar el blog original: http://alienlaluna.blogspot.pe/
Bienvenidos,
Atte. Ali