Ya había pasado
casi un año desde la última vez que lo vio, recordaba cada detalle
de su rostro, cabello, manos y demás demonios que lo invadían
lentamente arrastrándolo por un camino que lejos de darle felicidad,
lo llenaban de una incertidumbre casi necesaria.
Era ella de
nuevo, molestando amistades con sus ocurrencias, recomendando alguna
que otra experiencia y compartiendo con sus seres queridos una
historia que reescribió bajo la sombra de un corazón renovado. Ella
era Lena. Simple, como cualquier chica de la calle, cabellos y ojos
negros, contextura promedio, sonrisa casi perfecta; volvió a
respirar.
La calle se hacía
cada vez más grande, una canción – como de costumbre – pintaba
el panorama de un nuevo invierno, un inicio inminente que traería
mil recuerdos como las gotas de lluvia delicadas que caían en el
pavimento mientras caminaba rumbo a redacción. Esas calles del
Centro de Lima habían sido mudos testigos de su evolución y
construcción de una coraza de titanio a prueba de balas y demonios
que él pudiera enviarle de manera subliminal. 'Era el momento',
pensó. El ascensor se detuvo en el quinto piso, sus zapatillas
rechinaban por el pasillo perfectamente lustrado. Hola Zoe. Buenos
días a todos. Una nueva jornada periodística daba la vuelta a la
esquina, la coyuntura política era su amante bandido.
Como lo prometió
hacía más de 12 meses: sería la mejor de esa sala lúgubre y fría,
intentaría perfeccionar su estilo periodístico, batallaría con mil
cuchillos que lanzaban desconocidos y aprendería de las críticas.
¿Qué es lo que más amas en esta vida? Es simple, amo escribir. Una
sonrisa se dibujó en su rostro helado por el frío limeño.
¿Sabes quién
soy?
Soy yo, Lena.
Nunca olvides ese nombre aunque tú no lo sepas.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario